REALIDAD VIRUTAL
Lunes, 26 de Febrero de 2007Hoy me he levantado con dos palabras en la mente. Realidad virtual. Las mismas dos palabras que durante un par de semanas me vienen a la cabeza cuando menos me lo espero.
Ya me gustaría a mí que el atasco de hoy hubiese sido una realidad virtual. Habría desenchufado ese auténtico tostón de embotellamiento crónico que se está acrecentado cada vez más en la ciudad. Los vehículos se van amontonando uno detrás de otro. La agresividad inherente de los humanos sale a relucir por las hendiduras de las ventanillas. Las distancias de seguridad se reducen a la mínima expresión con la misión de ganar la batalla de los centímetros.
Entre virtual y física se encuentra la realidad de la telefonía móvil. Me acaba de llegar un email (de esos que se reenvían) pidiéndome que apague el móvil para el día 28 de febrero entre las 19.00 y las 20.00 horas. Se pretende protestar por la subida de los precios. Debo decir, y a las pruebas me remito, que no soy un buen cliente. Sin embargo, discrepo. Me explico. Hay que dejar los teléfonos encendidos pero sin realizar llamadas. La diferencia es sustancial. El teléfono encendido implica que hay señal y eso conlleva un coste para la operadora. De lo contrario la compañía se ahorra esos gastos.
Desde luego yo voy más allá. Una semana consecutiva sin usar el móvil. O por lo menos llevarlo a la mínima expresión. Piénsalo, cuantas llamadas no pueden esperar hasta que veas a la persona en persona. Incluso me arriesgo a defender el derecho a enviar los correos por el submundo de la red. Incrementado el volumen de la realidad virtual.
Moraleja, el ritmo de vida nos impide diferenciar el mundo real de la realidad virtual. Una existe y queda patente en los pocos centímetros que se es capaz de avanzar por las vías urbanas a ciertas horas del día. La otra no existe, no se ve, quedando como fiel reflejo un simple aparato con botones del 1 al 9 y una factura mensual que ni se te ocurra dejar de pagar ni en la vida real ni en tus mejores sueños.
Un saludo